Mayo 2012
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mente sencillamente: “di lo que quieras, voy
a hacer aquello que debo hacer y además lo
haré con alegría”. Esto es desapego.” —
Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.
Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aun sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.
Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.
Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!
No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.
(Charles Chaplin)
El amor es valentía, coraje, paciencia, voluntad, ilusión, respeto, confianza y tantas otras fortalezas necesarias para sortear los obstáculos propios del acto de amar, compartir y acompañarse.
Podría decirse que perduran en el tiempo quienes logran superar las dificultades. Es imposible pensar en el amor sin obstáculos ni conflictos, así como es un error pensar que los conflictos se superan gracias al amor. El amor es el resultado de esas pruebas superadas. De no haber diferencias o crisis, seguramente, la relación se está amalgamando con sumisión -al menos con resignación- y sin defender los propios valores de cada una de las partes.
“En primer lugar -puntualiza Dovskin- la pareja debe confrontar con el conflicto que surge de un encuentro cultural entre dos historias que son las de las dos familias de origen. Por otro lado, el amor de pareja debe tener la carga pasional que demanda, al menos en Occidente, alguna forma de fidelidad, más allá de lo abierta que una relación se suponga.”
El amor de pareja debe generar un ámbito de protección y de cuidado donde los sujetos, ambos, depositan lo que en la vida cotidiana queda detenido por efecto de lo políticamente correcto y las buenas formas. “Ayuda saber que hay conflictos y crisis -retoma Spivacow-, que el amor implica placer y disfrute, pero también trabajo psíquico sobre las desavenencias y los desacuerdos. También ayuda saber que en los diferentes momentos de la vida la pareja busca diferentes cosas, y que realizar los ajustes necesarios puede ser la base para la continuidad. La autenticidad del amor no depende de los años que dure, sino de cómo lo sienten sus protagonistas.”
Son muchas las relaciones de pareja que han atravesado la prueba del tiempo. Así como hay quienes creen que el amor es la combinación de la intimidad, la pasión y el compromiso, Riso propone pensar el amor en torno de la suma de tres aspectos: Eros (deseo) + Philia (amistad) + Agape (respeto), en proporciones por determinar, así haya tropiezos y resquemores. “Eros es las ganas de ver al otro como un postre. Philia es la compinchería, los proyectos de vida compartidos. Agape significa cuidar al otro con ternura y respeto, que su dolor te duela y su alegría te alegre”, completa el autor, convencido de que “el amor es para valientes”.
Parece ser que el amor dura en tanto y en cuanto elijamos y sepamos transitar el camino hacia el bienestar (físico y emocional) de uno, del otro, de los dos. De todos los que caminan con nosotros por la vereda del sol (más allá de las tormentas).
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